Hoy que llegué a la casa de ustedes me recibió mi mamá con la noticia de que según su socia el presidente Felipe Calderón había sufrido un atentado. Me dijo que había salido con una herida de bala en el hombro y que todos los presuntos agresores habían resultado muertos.
Me quedé frío.
No les puedo mentir, la verdad es que en las elecciones federales del 2006 voté por Calderón. No me considero panista y no admiro a FCH, sin embargo no soporto al peje y creo que si la izquierda mexicana se reduce al PRD estamos jodidos. Pero eso no implica que no pueda entrar en pánico con una noticia como esa.
Pero bueno, les decía que no es la simpatía que me genere o no Felipe Calederón Hinojosa como ser humano sino el hecho de atacar la institución que representa: osea el poder ejecutivo. Y es que ese hecho me recordó inmediatamente el sentimiento que me generó la tarde noche del 23 de marzo de 1993 con el cobarde asesinato de Colosio o la mañana del 1 de enero de 1994 cuando nos despertamos con la noticia de que había un grupo guerrillero en los Altos de Chiapas, México. A la fecha me cuesta trabajo asimilarlo ya sea porque siento que los atentados y la guerra siempre han estado en mi baúl de juguetes, en las noticias del medio oriente y europa oriental o en las películas de guerra, sin embargo el hecho es que me dejó en shock. También siempre pensé que eso no podría seguir en México y cuán equivocado estaba.
Mil ideas pasaron por mi mente mientras buscaba desesperadamente un noticiero en la televisión en dónde poder saber más. Por supuesto no lo encontré puesto que CNN Internacional estaba con su media hora de deportes, CNN en español tenía a Aristegui y en los locales faltaban 18 minutos para que empezaran los noticieros. Fueron 18 angustiosos minutos en los que salté de canal en canal hasta que López Dóriga me tranquilizó con su característico y amarillista tono leyendo los encabezados de hoy sin que ninguno hablara del supuesto atentado.
Ya más tranquilo recordé lo que había sido mi vida como mexicano hasta ese momento y me puse a recapacitar en ese hecho. En realidad hemos vivido muchas fregaderas en este país: desde las crisis sexenales acumuladas desde Echeverría, la nacionalización de la banca por López Portillo, el temblor del 85 (y la consiguiente incapacidad del gobierno para actuar adecuadamente), el fraude electoral del 88, el asesinato de Colosio, el error de diciembre del 94, la victoria de Fox y la posterior decepción cuando se convirtió en presidente, la derrota de AMLO y su berrinche en Reforma, e incluso más recientemente la toma de las tribunas en ambas cámaras por supuestos legisladores elegidos por nosotros. Y con todo y todo el país sobrevive.
Hay un chingo de muertos acumulados en lo que va del año en diversas entidades del país, hay ejecuciones contra mandos policiacos y no policiacos en todos los niveles, hay decomisos millonarios, hay atentados. Y a pesar de todo el país sobrevive.
Pero ¿qué pasaría si matan al presidente de México? Eso sí está muy cañón. Y es en dónde quiero dejar mi reflexión: más allá del hecho de que hayas votado o no en el 2006, más allá de que hayas votado por FCH, por el Peje, por Patricia o por tí mismo, si matan al presidente, ¿qué sigue?
Me queda claro que hay dos personas a las que difícilmente veríamos secuestrados y/o muertos en un atentado en este país: Carlos Slim y el presidente en turno; así que si el atentado es contra de uno de ellos querría decir que estamos más metidos en la mierda de lo que pensábamos. Que los cárteles ya no solo controlan el paso de la droga por nuestro país sino muchas cosas más. Y querría decir también que los simples mortales como tú y como yo podríamos morir mañana sin el menor esfuerzo y sin que nadie pueda hacer nada al respecto.
Pero bueno, al final pude descansar tranquilo viendo que todo era una alucinación de la socia de mi mamá y que nada de lo que me había dicho era cierto. No obstante la reflexión creo que vale la pena. ¿Tú qué harías si matan al presidente de la república?
SiNfuLJaMeS
Datos personales
- SiNfuLJaMeS
- Cholulteca. Quesque actor de teatro. Dedicado a la publicidad. Amante de la música (la buena), el vino (el bueno, sobre todo tinto) y la lectura. Y por supuesto, escribir en este blog.
mayo 23, 2008
mayo 18, 2008
Siendo uno con el universo
¿Alguna vez han tenido la certeza de saber porqué están aquí? ¿Alguna vez han sentido que todo tiene coherencia y que el mundo tiene una razón de ser?
A mí me ha pasado. Antes, cuando transitaba por la vida sin un sentimiento de consciencia, estas dudas me asaltaban a cada rato. Eran aquellos lejanos días en los que repetía que yo era "ateo, gracias a Dios", en los que me gustaba que la gente pensara que era satánico y drogadicto por usar el pelo lagro y escuchar heavy metal con velas e incienso, en los que era divertido ver la cara de los demás cuando decía que era ateo aunque nunca fuera delante de mis padres y con la plena consciencia de saber qué es eso.
Sin embargo poco a poco he ido madurando. He ido aprendiendo. He ido conociendo. He ido recordando. Y el reiki, junto con lo que he vivido, me ha ayudado en mi proceso. Hoy siento que soy uno con el universo y con cada uno de los seres que lo conformamos.
Hoy soy consciente de que si lo quiero, lo consigo. Que si lo deseo, sucede. Que si lo planeo, pasa exactamente lo que quiero que pase. Ahora el truco está en quererlo juntos. En desearlo juntos. En planearlo juntos. Se puede. Estoy convencido y para mí es suficiente. Ahora sólo es cuestión de empezar.
Hoy puede ser un gran día, si tú estás convencido de que así es. Y no tiene que ver con que seas otimista, tengas al menos un perro que te ladre o te hayas sacado la lotería. Al final no se trata de lo que te sucede, sino de cómo reaccionas ante lo que te sucede.
Te espero. La cita no es conmigo sino contigo. Y el futuro no es mío o tuyo, es nuestro... si tú quieres.
SiNfuLJaMeS
A mí me ha pasado. Antes, cuando transitaba por la vida sin un sentimiento de consciencia, estas dudas me asaltaban a cada rato. Eran aquellos lejanos días en los que repetía que yo era "ateo, gracias a Dios", en los que me gustaba que la gente pensara que era satánico y drogadicto por usar el pelo lagro y escuchar heavy metal con velas e incienso, en los que era divertido ver la cara de los demás cuando decía que era ateo aunque nunca fuera delante de mis padres y con la plena consciencia de saber qué es eso.
Sin embargo poco a poco he ido madurando. He ido aprendiendo. He ido conociendo. He ido recordando. Y el reiki, junto con lo que he vivido, me ha ayudado en mi proceso. Hoy siento que soy uno con el universo y con cada uno de los seres que lo conformamos.
Hoy soy consciente de que si lo quiero, lo consigo. Que si lo deseo, sucede. Que si lo planeo, pasa exactamente lo que quiero que pase. Ahora el truco está en quererlo juntos. En desearlo juntos. En planearlo juntos. Se puede. Estoy convencido y para mí es suficiente. Ahora sólo es cuestión de empezar.
Hoy puede ser un gran día, si tú estás convencido de que así es. Y no tiene que ver con que seas otimista, tengas al menos un perro que te ladre o te hayas sacado la lotería. Al final no se trata de lo que te sucede, sino de cómo reaccionas ante lo que te sucede.
Te espero. La cita no es conmigo sino contigo. Y el futuro no es mío o tuyo, es nuestro... si tú quieres.
SiNfuLJaMeS
mayo 14, 2008
Hace más de un mes
Hace más de un mes que no posteo. La verdad es que sí lo extraño, no puedo negarlo. Y lo peor de todo es que no tengo una maldita razón válida.
Si bien es cierto que mi vida en este momento, por lo menos en el aspecto laboral, está estancada irremediablemente por la actitud mesiánica y ridícula de un personaje con delirios de grandeza que lo único que hace es joder, aprovechando que es intocable por lazos familiares con el otrora directo - ahora vicepresidente- de la marca pues... no es pretexto.
Sinceramente siento mucha frustración a diario y lo peor es que ya no tengo motivación alguna para llegar a la oficina. Ya ni hablamos de dar mi máximo por mi empresa, por mi equipo y/o por mi jefe. Y créanme cuando les digo que yo solía tener la camiseta puesta incluso antes de saber que trabajaría ahí, pero así pasa: hoy la camiseta está olvidada en la lavandería, ya no me queda y no tengo intenciones de recuperarla. Y eso está cabrón.
Por lo pronto estoy buscando nuevos horizontes. Nuevos retos que contemplen a un mercadólogo con experiencia en investigación de mercados y publicidad que le encantaría poder hacer algo de planeación estratégica. (Chale con el autogol, pero para que vean mi grado de desesperación).
En fin, no quiero hacer falsas promesas diciendo que desde mañana regreso a las andadas y con ánimos de postear diario. Las ganas habitan en algún lugar de mi cerebro, el problema es que la apatía no las deja salir a la superficie. Lo que sí es un hecho es que pronto romperé este círculo vicioso porque he tenido momentos reveladores al respecto: cocinar... actuar... besar... manejar... y eso que no he pintado aún.
Bueno, sin más: un abrazo grande y crucen los dedos para que Chivas haga el milagro, porque después de ese fiasco de partido necesitarán más suerte que el América en el Maracaná. Y lo peor es que los equipos que se encierran en el Jalisco generalmente sacan los resultados así que estoy temiendo la continuidad de la maldición del superlíder. Ya ni pedo, ojalá por lo menos el técnico de la selección resulte mejor que el anterior, aunque con esos antecedentes cualquiera lo supera.
Saludos,
El SiNfuLJaMeS en CRISIS
Si bien es cierto que mi vida en este momento, por lo menos en el aspecto laboral, está estancada irremediablemente por la actitud mesiánica y ridícula de un personaje con delirios de grandeza que lo único que hace es joder, aprovechando que es intocable por lazos familiares con el otrora directo - ahora vicepresidente- de la marca pues... no es pretexto.
Sinceramente siento mucha frustración a diario y lo peor es que ya no tengo motivación alguna para llegar a la oficina. Ya ni hablamos de dar mi máximo por mi empresa, por mi equipo y/o por mi jefe. Y créanme cuando les digo que yo solía tener la camiseta puesta incluso antes de saber que trabajaría ahí, pero así pasa: hoy la camiseta está olvidada en la lavandería, ya no me queda y no tengo intenciones de recuperarla. Y eso está cabrón.
Por lo pronto estoy buscando nuevos horizontes. Nuevos retos que contemplen a un mercadólogo con experiencia en investigación de mercados y publicidad que le encantaría poder hacer algo de planeación estratégica. (Chale con el autogol, pero para que vean mi grado de desesperación).
En fin, no quiero hacer falsas promesas diciendo que desde mañana regreso a las andadas y con ánimos de postear diario. Las ganas habitan en algún lugar de mi cerebro, el problema es que la apatía no las deja salir a la superficie. Lo que sí es un hecho es que pronto romperé este círculo vicioso porque he tenido momentos reveladores al respecto: cocinar... actuar... besar... manejar... y eso que no he pintado aún.
Bueno, sin más: un abrazo grande y crucen los dedos para que Chivas haga el milagro, porque después de ese fiasco de partido necesitarán más suerte que el América en el Maracaná. Y lo peor es que los equipos que se encierran en el Jalisco generalmente sacan los resultados así que estoy temiendo la continuidad de la maldición del superlíder. Ya ni pedo, ojalá por lo menos el técnico de la selección resulte mejor que el anterior, aunque con esos antecedentes cualquiera lo supera.
Saludos,
El SiNfuLJaMeS en CRISIS
marzo 26, 2008
¿La cultura para todos?

Hoy tuve la fortuna de ir a ver la exposición Ashes and snow, de Gregory Colbert, en el zócalo de la Ciudad de México.
Debo comenzar diciendo que en realidad es un "must" y que no se arrepentirán de asistir puesto que en realidad el autor plasma imágenes increíbles que merecen mucho la pena ver tanto en fotografías como en video. Además, la exposición se acompaña de un soundtrack que es una pieza exquisita con artistas de la talla de Lisa Gerrard (Dead Can Dance) y Michael Brook.
Sin embargo, y he aquí el gran pero, la verdad es que no lo disfruté como esperaba. Para empezar, las fotografías están impresas en gran formato, lo que implica que no se ven bien de cerca pero se ven muy bien a cierta distancia, sin embargo las características del emplazamiento no permiten ver las imágenes en todo su esplendor ya que están colocadas a lo largo de dos corredores no tan anchos y de manera paralela por parejas.
Si a esto le añadimos que la entrada es gratuita y que la exposición está montada en plena plancha del zócalo y que esta semana es de vacaciones para muchos (como yo), pues resulta ser un verdadero calvario. Pero les cuento mis aventuras con más detalle.
Me fui al DF en camión para evitar las broncas de estacionamiento y el manejo de regreso con el cansancio que se acumulara, lo que realmente resultó ser una excelente idea. Traslado en el Sistema de Transporte Colectivo Metropolitano, mejor conocido como el Metro, hasta el zócalo aunque me bajé en Pino Suárez y caminé tres cuadras para llegar y rodear por completo el lugar por la falta de señalamientos respecto a la ubicación del comienzo de la fila.
Finalmente empecé a hacer la fila y continué haciéndolo durante los siguientes 48 minutos aunque en un esquema tipo Disneylandia en el que te ponen incluso banquitas para que descanses por lo que no se te hace tan pesado. Incluso justo antes de pasar finalmente me marcaron el alto a dos personas de pasar por lo que en vez de ser de los últimos del pelotón, fui de los primeros del siguiente.
Ahí es donde empezó el desmadre: demasiada gente entrando al mismo tiempo. No te podías detener el tiempo que te hubiera gustado para admirar las fotografías del lado que te tocaba y si intentabas mirar al otro lado, con el río de personas pasando delante de tí era imposible tener un momento tranquilo para ver la imagen completa. Al final del pasillo un video siendo visto por mucha más gente con unos amables edecanes que te pedían constantemente que te hicieras lo más adelante posible. Y eso que no cuento a la pareja de atrás de mí que se la pasó discutiendo todo el primer video que si era un orangután o un chimpancé, como si eso fuera lo trascendiente de todo.
Total, al final decidí no quedarme a ver los videos porque la mamá de una amiga compró el DVD y la verdad me estaba engentando rápidamente por lo que mi limité a recorrer el tercer y último pasillo de fotografías con la calma que pude conseguir para finalmente salir a la tienda y gastar mi dinerito en souvenires.
Como conclusión me aventuro a decir lo siguiente:
- Increíble que sabiendo de antemano las características de su material no hayan sido capaces de encontrar una mejor distribución de las fotografías para que por lo menos no tuvieras que "perderte" de admirar las del extremo contrario.
- Gandalla el hecho de que no te cobren la entrada pero te quieran vender el libro de las fotografías en $5,000.00 pesos y los posters en $200.00 (y te los dan enrollados dentro de una bolsa con el riesgo de aplastarlos fácilmente.
- Ridículo que por dejar la entrada libre el lugar se haya abarrotado de gente sin que los organizadores hayan hecho algo al respecto puesto que al final no se puede disfrutar de la misma manera. Digo, me da gusto que la cultura esté al alcance de todos, pero no me gusta cuando por eso no puedes admirar lo que vas a ver y además compartes el pasillo con los chavos que se fueron de pinta de la secundaria, las monjas que llevan a los viejitos cascarrabias del asilo, el papá que lleva a la familia completa y ni siquiera sabe qué animales están siendo retratados pero de igual manera contesta a las preguntas de sus hijos y el individuo que lleva la bolsa entera de pan Bimbo llena de sandwiches de jamón que se va comiendo a lo largo de la exposición.
- Insatisfecho me deja el hecho de que al final me quede dudando de si las fotografías y videos son composiciones realizadas en postproducción o son imágenes sin trucos, puesto que en ningún lugar te dicen el cómo lo hizo.
Sin embargo al final creo que valió la pena por el mensaje de todo el proyecto que está más allá de la experiencia en si. Además el nivel de producción definitivamente hace que todo te cause una tremenda y, en mi caso, muy positiva impresión pese a los errores.
En fin, ojalá podamos contar con más ejemplos de este tipo en el futuro aunque idealmente poder tener una exposición con este nivel de organización, apoyo y recursos pero de artistas mexicanos con proyectos nacionales.
Por lo pronto, si pueden, no se la pierdan y si de plano no pueden ir, por lo menos visiten su página: http://www.ashesandsnow.org/es/exhibition/nomadic-museum.php
SiNfuLJaMeS
marzo 21, 2008
Cockteles varios
Como hace mucho que no posteo (¿qué tal con mi verbo nuevo? yo posteo, tu posteas, él postea, etc.), y tengo varias cosas que decir, decidí hacer un combinado de varios sabores a ver qué sale...
Internet's Adiction
Empecemos por el principio. Una amiga me diagnosticó con este mal de la sociedad moderna y la verdad es que creo que tiene razón. No lo hemos definido muy a fondo pero en mi caso los síntomas fueron los siguientes:
1. Ansiedad
2. Irritabilidad
3. Síndrome de desatención
Y la lista podría seguir, pero tampoco es el caso. Lo que sí es el caso es comentar que todo se derivó de dos acciones aisladas que me afectaron directamente. La primera fue que en la oficina terminaron por determinar que el leer (y escribir blogs), forma parte de la "socialización cibernética" y por lo tanto de unos meses para acá está restringido el acceso; aún a pesar de que soy de los pocos que tengo permisos especiales para visitar sitios como el Hi5 ya que nos hemos anunciado ahí.
La segunda es porque hace tres semanas mi vecina fue despojada del router que tenía prestado y por lo tanto mi papá y yo nos quedamos sin acceso a internet. Que ya entrando en confianza comentaré que se trataba de una conexión a internet con una calidad de señal punto menos que inexistente y que dependiendo del contentillo del router, del humor de la hija de la vecina o de que alguien estuviera utilizando un teléfono inalámbrico o celular cerca era de una rayita o ninguna. Realmente frustrante ahora que lo recuerdo.
Por suerte mi papá accedió a contratar el servicio directo y aunque mi apuesta era que tendría acceso a internet a partir del próximo lunes, desde el miércoles pasado he visto disminuir mis síntomas al mínimo y puedo checar mi cuenta de correo para verificar que nadie ha escrito cada 30 segundos sin preocuparme más por la señal.
Hugo Sánchez
Ya bien reza el refrán que el pez por su boca muere. Yo sé que había prometido no hablar de futbol en este blog pero debido al rotundo fracaso de mi blog futbolero (que por cierto aún no me atrevo a borrar definitivamente), me desquito aquí.
Ya he despotricado contra ese que se dice director técnico nacional y no repetiré lo que ya me han escuchado decir. Me limitaré a enviarle un mensaje al macho: Si tienes un poquito de dignidad (lo cual dudo puesto que después de tu cobardía en el mundial del '94 regresaste de España para jugar con el Celaya, el América y el Atlante), renuncia antes de hacer más daño.
Hueva crónica
Aún en la prepa, una gran amiga me dijo un día sin siquiera agua va, que yo sufría de "hueva existencial". Por supuesto le creí en el instante e incluso estuve de acuerdo con ella sin saber que con eso no hacía más que prolongar el padecimiento. Según ella, la hueva existencial la evidenciaba con mi manera de caminar, como si trajera el mundo a cuestas y eso me pesara de verdad. Yo por supuesto sólo atiné a decir: "Ay, qué hueva".
Años más tarde, en la universidad, mis homemates y yo llegamos a la conclusión de que los sillones de la sala de la casa en Querétaro (Rosalba, para los que se acuerden, aunque ya no sea rosa), estaban infectados con húevola. Esta rara enfermedad atacaba a todo aquel que se sentara un momento en ellos, especialmente entre las dos y las cuatro de la tarde de cualquier día entre semana y provocaba unas incontenibles ganas de dormir.
Fue hasta después de mucho razonarlo que me di cuenta de que ambos eventos, al parecer aislados, eran en realidad consecutivos pues solamente una persona que padece de hueva existencial puede ocasionar una epidemia de huévola en unos apacibles e inofensivos -en apariencia- sillones de una sala.
Lo interesante de todo esto es que veo que la terrible enfermedad de la hueva existencial, ha provocado en mí oleadas de hueva crónica que se manifiestan durante los fines de semana y los periodos vacacionales en los que por falta de dinero decido quedarme en casa. Esto me ha sucedido en los últimos días en los que al principio, a pesar de haber tenido muchos planes, se han quedado en eso puesto que a la hora de querer ponerme a trabajar, con sólo pensarlo la hueva me invade y me tumbo derrotado en la cama a leer o escuchar música y si el ataque es muy fuerte termino en el sillón idiotizado con la televisión.
Si alguien de ustedes conoce algún remedio para esto por favor pásemelo, por más doloroso que pueda parecer. Digo, la verdad es que ya me siento mejor: prueba de ello es que estoy escribiendo mi blog, que por huevón no había actualizado en un rato; pero no quiero lanzar campanas al vuelo y prefiero sincerarme con ustedes para ver si conocen la solución.
En fin, pueden dejar sus sugerencias en los comentarios. Y sólo me resta decir que afortunadamente es viernes, aunque sea santo.
SiNfuLJaMeS
Internet's Adiction
Empecemos por el principio. Una amiga me diagnosticó con este mal de la sociedad moderna y la verdad es que creo que tiene razón. No lo hemos definido muy a fondo pero en mi caso los síntomas fueron los siguientes:
1. Ansiedad
2. Irritabilidad
3. Síndrome de desatención
Y la lista podría seguir, pero tampoco es el caso. Lo que sí es el caso es comentar que todo se derivó de dos acciones aisladas que me afectaron directamente. La primera fue que en la oficina terminaron por determinar que el leer (y escribir blogs), forma parte de la "socialización cibernética" y por lo tanto de unos meses para acá está restringido el acceso; aún a pesar de que soy de los pocos que tengo permisos especiales para visitar sitios como el Hi5 ya que nos hemos anunciado ahí.
La segunda es porque hace tres semanas mi vecina fue despojada del router que tenía prestado y por lo tanto mi papá y yo nos quedamos sin acceso a internet. Que ya entrando en confianza comentaré que se trataba de una conexión a internet con una calidad de señal punto menos que inexistente y que dependiendo del contentillo del router, del humor de la hija de la vecina o de que alguien estuviera utilizando un teléfono inalámbrico o celular cerca era de una rayita o ninguna. Realmente frustrante ahora que lo recuerdo.
Por suerte mi papá accedió a contratar el servicio directo y aunque mi apuesta era que tendría acceso a internet a partir del próximo lunes, desde el miércoles pasado he visto disminuir mis síntomas al mínimo y puedo checar mi cuenta de correo para verificar que nadie ha escrito cada 30 segundos sin preocuparme más por la señal.
Hugo Sánchez
Ya bien reza el refrán que el pez por su boca muere. Yo sé que había prometido no hablar de futbol en este blog pero debido al rotundo fracaso de mi blog futbolero (que por cierto aún no me atrevo a borrar definitivamente), me desquito aquí.
Ya he despotricado contra ese que se dice director técnico nacional y no repetiré lo que ya me han escuchado decir. Me limitaré a enviarle un mensaje al macho: Si tienes un poquito de dignidad (lo cual dudo puesto que después de tu cobardía en el mundial del '94 regresaste de España para jugar con el Celaya, el América y el Atlante), renuncia antes de hacer más daño.
Hueva crónica
Aún en la prepa, una gran amiga me dijo un día sin siquiera agua va, que yo sufría de "hueva existencial". Por supuesto le creí en el instante e incluso estuve de acuerdo con ella sin saber que con eso no hacía más que prolongar el padecimiento. Según ella, la hueva existencial la evidenciaba con mi manera de caminar, como si trajera el mundo a cuestas y eso me pesara de verdad. Yo por supuesto sólo atiné a decir: "Ay, qué hueva".
Años más tarde, en la universidad, mis homemates y yo llegamos a la conclusión de que los sillones de la sala de la casa en Querétaro (Rosalba, para los que se acuerden, aunque ya no sea rosa), estaban infectados con húevola. Esta rara enfermedad atacaba a todo aquel que se sentara un momento en ellos, especialmente entre las dos y las cuatro de la tarde de cualquier día entre semana y provocaba unas incontenibles ganas de dormir.
Fue hasta después de mucho razonarlo que me di cuenta de que ambos eventos, al parecer aislados, eran en realidad consecutivos pues solamente una persona que padece de hueva existencial puede ocasionar una epidemia de huévola en unos apacibles e inofensivos -en apariencia- sillones de una sala.
Lo interesante de todo esto es que veo que la terrible enfermedad de la hueva existencial, ha provocado en mí oleadas de hueva crónica que se manifiestan durante los fines de semana y los periodos vacacionales en los que por falta de dinero decido quedarme en casa. Esto me ha sucedido en los últimos días en los que al principio, a pesar de haber tenido muchos planes, se han quedado en eso puesto que a la hora de querer ponerme a trabajar, con sólo pensarlo la hueva me invade y me tumbo derrotado en la cama a leer o escuchar música y si el ataque es muy fuerte termino en el sillón idiotizado con la televisión.
Si alguien de ustedes conoce algún remedio para esto por favor pásemelo, por más doloroso que pueda parecer. Digo, la verdad es que ya me siento mejor: prueba de ello es que estoy escribiendo mi blog, que por huevón no había actualizado en un rato; pero no quiero lanzar campanas al vuelo y prefiero sincerarme con ustedes para ver si conocen la solución.
En fin, pueden dejar sus sugerencias en los comentarios. Y sólo me resta decir que afortunadamente es viernes, aunque sea santo.
SiNfuLJaMeS
marzo 01, 2008
Hoy fui a ver Juno

Lei la sinopsis y quise ir a verla. Al principio estaba dubitativo porque, al igual que una amiga, pensé que iba a ser otra "girly movie" de esas que son odiosas porque o son feministas o desbordan miel de la pantalla con un galán que hace suspirar a varias.
Sin embargo su escritora ganó el oscar al mejor guión original y eso me animó mucho. Después leí acerca del libro que editó Diablo Cody de cómo vivió un año como stripper nada más por vivir la experiencia y después escribir el libro y me convenció de su originalidad.
Ya hablando de la película y sin el afán de hacer una crítica y calificarla con cinco estrellitas me limitaré a decir que me sentí identificado con uno de los personajes (tendrán que verla para saber cuál), y eso estuvo muy cabrón.
La trama está cagada (sí, esa es la mejor palabra para describirla), y en realidad creo que el guión está muy bien hecho. El final me pareció innecesario y hasta demasiado hollywoodense pero bueno, después de todo también se vale, y la rola lo justifica. Las actuaciones son muy buenas, Ellen Page definitivamente está muy cañona (sí le crees que tiene 16), y la misma Jennifer Garner a la que me costaba trabajo ver fuera de su papel de Elektra lo hace muy bien.
Pero bueno, en realidad creo que lo que más me impactó fue verme reflejado de una manera tan perfecta en un personaje. Así me siento en este momento y no lo puedo evitar. Me entristece lo que ocasiona esto a mi alrededor, aunque por otro lado también me libera y me hace sentir muy bien conmigo mismo.
Un gran amigo me dijo hace poco que en realidad la vida se trata de buscar la felicidad. Hay pocos que se atreven realmente a hacerlo por las consecuencias que esto trae y ahora lo entiendo perfectamente. También entiendo ahora su filosofía de vida y en estos momentos la abrazo como mía también.
Los demás seguramente estarán juzgando, sin bases y desde afuera como casi siempre, pero no me importa. Todos tenemos derecho a ser felices, aunque en el camino hagamos infelices a otros buscando nuestra propia felicidad. Eso es lo que es duro, pero así es la vida.
En fin, gracias Diablo Cody por dejarme reflexionando tanto y gracias a Jason Reitman por retratarme tan bien en una película que es todo menos una girly movie.
Vayan a verla y si alguno de ustedes está en una "mid-life crisis" o tiene una crisis de pareja tengan cuidado con las identificaciones.
SiNfuLJaMeS
febrero 11, 2008
¿Cómo sobreviví mi primer día en un hospital?
Bueno, no hay que ser tan dramáticos. La verdad es que sólo pasé algunas horas pero se me hicieron eternas. Pero bueno, empecemos con el principio...
Resulta que hace unos días comencé a sentir mi estómago extraño. Comenzó con ciertos dolorcitos espaciados que no llamaron mi atención hasta que el domingo, después de la peda de Cheque, me sentí realmente mal. Claro, asumí que estaba crudo y me valió madres. Todavía el lunes por la noche fui al teatro y antes de entrar me comí un delicioso helado natrual de mango (de la Michoacana), y empecé con molestias más fuertes sin razón aparente.
Sin entrar en detalles diré que detecté que estaba obrando de color oscuro y eso siginificaba presencia de sangre. Como siempre, traté de minimizar el hecho pensando que era algo aislado y que no ofrecía mayor peligro. Por las noches me daba reiki pensando en resolver el problema sin notar que había más cosas detrás.
Sin embargo el pasado viernes me levanté como siempre, me desayuné mi sandwich de jamón con queso y, a medio día me tomé una Coca-Cola. Esta rutina la he repetido muchos días de oficina sin mayores contratiempos pero ese día no fue igual. Al rededor de la una de la tarde me empecé a sentir realmente mal del estómago y terminé por ir al baño a devolver la coca que me había tomado.
Saliendo del baño me sentí un poco mejor. Recalco el un poco. Llegué a mi lugar y empecé a sudar como preparatoriano antes de un extraordinario que condiciona su asistencia a la peda de graduación (osea un chingo). Me salí un momento a tomar aire y me sentí mejor. Tenía una maratónica junta de 4 a 7 de la tarde (si, en viernes, no tienen madre), con DDB y mi jefe se había ido a comer con Daniel y Pedro (el CEO de Mediacom, la agencia de medios), por lo que tenía que esperar a que regresara para poderle perdir permiso de irme a mi casa debido a mi malestar.
Total que para cuando regresé a mi lugar sentí unas incontenibles ganas de ir al baño y fui. Cuando me estaba preparando para salir del baño me empecé a sentir muy mareado, al grado que tuve que sentarme apenas saliendo esperando que alguien conocido me echara una mano pero no pasó nadie. Después de tranquilizarme un poco me regresé a mi lugar todavía un poco mareado y tan pronto me vió Belén me alcanzó en el pasillo para llevarme a mi lugar diciéndome que estaba transparente.
Belén muy atenta me puso alcohol y se propuso llevarme al servicio médico en planta. Yo siempre he desconfiado de los médicos (con contadas excepciones, aunque ese es tema para otra entrada sin problemas), pero ese día sentí que TENÍA que ir. Total que me llevó a Urgencias de Cubo 3.
Cómo me vería el doctor que cuando me estaba preguntando que si tenía consulta me vió y me dijo "pásale por acá", y pasamos directito a las camas. No piensen mal, sólo me oscultó con ropa y todo.
Me hizo el chequeo de rigor: presión arterial, temperatura y las preguntas clásicas que empiezan con el "¿Qué le pasó?", aunque por un momento me sorprendió con un: "¿es usted diabético?". La verdad es que no lo sé, pero esperaba que no, sin embargo como me vio dubitativo pidió que me hicieran una medición de azúcar y ese fue el primer piquete. Total, su consejo fue que me quedara un rato ahí porque aunque me veía muy débil y ya después veíamos qué haríamos conmigo.
Después de algunos minutos en los que aproveché para hacer algunas llamadas desde la cama, el doctor vino por mí para llevarme a su consultorio. Tan pronto entré me dieron ganas de volver el estómago de vuelta y cuando lo hice (en el baño, no crean), sí me espanté. Resultó que vomité sangre de color negro por lo que cuando salí del baño el doctor me esperaba con una jeringa preparada, lo que se convirtió en mi piquete número dos.
Al ver que había vuelto el estómago por segunda vez sin haber comido nada el doctor me informó que había solicitado un análisis de sangre más profundo, que me había inyectado una solución para evitar más naúseas y vueltas de estómago y me dio una cápsula para recubrir el estómago. También me comentó que iba a pedirle a Belén que se marchara porque me iba a tener que quedar un poco más de tiempo.
Total, en ese ínter me vinieron a sacar sangre, lo que se convirtió en el piquete número tres del día y me mantuvieron en reposo otro rato ahí. Cuando finalmente vino el doctor por mí ya tenía los resultados del análisis de sangre, aunque no tengo idea de cuánto tiempo pasó. Me llevó de nuevo al consultorio y me estaba contando algo de leucocitos cuando perdí el conocimiento. Cuando volví en mí estaba rodeado de doctores y estaban pidiendo una ambulancia. Ahí me informaron que me iban a llevar al hospital y que estaría por lo menos un día en observación. Me preguntó el doctor cuando estaban ajustando las correas de la camilla, si tenía algún seguro o se mi llevaban a San Alejandro, al hospital del Seguro Social. Fue ahí cuando me menté la madre por no haber comprado mi seguro de gastos médicos mayores.
Recuerdo perfectamente el traslado: estuve consciente todo el tiempo hablando incluso con el camillero. Fue incluso durante el traslado que le hablé a mi papá para decirle que me llevaban al hospital, aunque en ese momento no quería que fuera porque pensé que iba a llegar y me iban a dar de alta. Ja! ¿Así o más iluso?
Cuando finalmente llegamos al hospital me dieron ingreso, me pidieron que me pasara a la camilla del hospital y me ubicaron en el cubículo número 5, aunque tenía un papel encima con el número 10 (osea que en donde cabe uno, caben dos, básicamente), junto a un chavo que tenía una hernia inguinal y que tenían con suero, aunque su intervención estaba programada para el otro día. En el inter llegó mi papá lo cual me tranquilizó al instante y afortunadamente me llevó una botella de agua porque estaba sediento al extremo.
Me oscultó un médico del hospital que me hizo las mismas preguntas del anterior con una variante: me cuestionó acerca de cuál era la clínica del seguro que me correspondía. Cuando le contesté que Cholula me empezó a regañar que entonces por qué había ido a San Alejandro. Se calmó cuando le dije que había perdido el conocimiento y que me llevaron en ambulancia, aunque cuando se fue no lo noté muy convencido. Cuando se fue el doctor dieron de alta a mi compañero así que me quedé solo en ese cubículo.
Entonces llegaron las únicas personas amables del hospital: las enfermeras. Un par me colocaron los instrumentos para hacerme un electrocardiograma porque mi ritmo cardiaco estaba un poco errático, decían. Nos divertimos un rato cuando trataron de colocar los chupones en mi velludo pecho, aunque al final lo consiguieron sin necesidad de rasurarme. Les dije que alguien muy especial se los iba a agradecer y se rieron bastante.
Después llegó otro par de enfermeras a colocarme el suero y a sacarme una muestra de sangre. Ellas sí me rasuraron el brazo para poder colocar la aguja pero sobre todo, me comentaron, para evitar que al momento de retirarla me depilaran y el dolor fuera mayúsculo. Les pedí que fuera en el brazo izquierdo puesto que el derecho era el que ocupaba para escribir y pintar y me dijeron que con la condición de que les llevara un dibujo. Me siento culpable por eso porque obviamente no lo haré, pero en ese momento les dije que sí.
Cuando ya tenía el suero colocado me movieron al cubículo 31, aunque en realidad había sido el 16 originalmente. Era un cubículo que estaba en esquina y para que se den una idea, tuvieron que mover las dos camillas de los cubículos que estaban al lado del mío para que pudiera entrar la mía. Obviamente una vez adentro no había mucho espacio de maniobra por lo que creo que es prácticamente imposible que ahí pongan a dos personas, aunque de cualquier manera estaban colocados con papel blanco y el número pintado con plumón los letreros de 30 y 31.
Cuando llegué a "mi" cubículo ya eran las 6:30 y se suponía que a las 7 se terminaba la hora de visita así que esa media hora se me pasó como agua. Al principio me quería hacer el valiente y le dije a mi papá que se fuera, pero cuando se acercaba la hora de salida me empezó a entrar el pánico. Al final puse mi mejor cara y le dije a mi papá que nos veíamos a las 11, en la siguiente hora de visita.
Tan pronto se fue quise entretenerme hablando por teléfono (sí: me dejaron mis dos celulares que aunque me fueron de mucha ayuda, no entiendo aún cómo lo permiten), pero fue peor. Las llamadas que hice me pusieron un poco más intranquilo y cuando colgué me entró un ataque de claustrofobia: sudaba copiosamente y estoy seguro de haber tenido fiebre porque estaba pensando cada locura que no saben.
Media hora más tarde pasaron a avisar que se había acabado la hora de visita y finalmente el lugar se tranquilizó. Fue entonces cuando pude dormir un poco pero a ratos y con sueños super locos.
Para no extenderme más les diré que como a las 10:30 pasó la doctora a decirme qué pasaba conmigo y qué podríamos hacer. Lo que me dijo es que tenía una úlcera aunque no sabía dónde y la úlcera me había ocasionado una anemia por la pérdida de sangre, y que para saber en dónde estaba localizada y qué tan grande estaba era necesario hacerme una endoscopía. También me comentó que el aparato no estaba disponible sábados y domingos por lo que tendría que quedarme en el hospital hasta que el lunes me pudieran hacer el estudio. Y cuando le pregunté si me podrían subir a los cuartos me comentó que había 30 personas antes que yo, por lo que no era probable que me pudieran subir (recuerden que estaba en urgencias todavía).
Después le pregunté que si me podía retirar y regresar el lunes, pero me dijo que no me podía asegurar que tuviera lugar el lunes puesto que no entraría por urgencias. Total que sí podía darme de alta voluntaria puesto que no me veía tan mal, pero que no me lo recomendaba y de todos modos eso lo tendría que decidir a las once de la noche, después de que terminara la ronda.
Cuando llegó mi papá y después de sopesar las opciones con él decidí que me iba a dar de alta voluntaria y buscar una opción privada el sábado para hacerme el estudio.
Y cuando pensé que el martirio había terminado me di cuenta que no. El calvario para salir nos llevó más de una hora en la que mi papá tuvo que ir con la trabajadora social que le hizo firmar unos documentos que absuelven al hospital de cualquier responsabilidad, me visitó un doctor para advertirme que si me iba no me podrían dar incapacidad y todavía tuvieron el descaro de decirme que si me quedaba ya tendría cuarto y podría estar más cómodo.
Al final permanecí firme en mi decisión, les agradecí todas las atenciones y me retiré. Y como dato adicional les cuento que el lunes me hice la endoscopía y resulta que tengo una úlcera en el duodeno (el inicio del intestino delgado), además de una colonia de bacterias en el estómago. Estoy en tratamiento medicinal y creo que ahí la llevo, pero por lo pronto sobreviví a mi primer día en un hospital y ya no de visita.
SiNfuLJaMeS
Resulta que hace unos días comencé a sentir mi estómago extraño. Comenzó con ciertos dolorcitos espaciados que no llamaron mi atención hasta que el domingo, después de la peda de Cheque, me sentí realmente mal. Claro, asumí que estaba crudo y me valió madres. Todavía el lunes por la noche fui al teatro y antes de entrar me comí un delicioso helado natrual de mango (de la Michoacana), y empecé con molestias más fuertes sin razón aparente.
Sin entrar en detalles diré que detecté que estaba obrando de color oscuro y eso siginificaba presencia de sangre. Como siempre, traté de minimizar el hecho pensando que era algo aislado y que no ofrecía mayor peligro. Por las noches me daba reiki pensando en resolver el problema sin notar que había más cosas detrás.
Sin embargo el pasado viernes me levanté como siempre, me desayuné mi sandwich de jamón con queso y, a medio día me tomé una Coca-Cola. Esta rutina la he repetido muchos días de oficina sin mayores contratiempos pero ese día no fue igual. Al rededor de la una de la tarde me empecé a sentir realmente mal del estómago y terminé por ir al baño a devolver la coca que me había tomado.
Saliendo del baño me sentí un poco mejor. Recalco el un poco. Llegué a mi lugar y empecé a sudar como preparatoriano antes de un extraordinario que condiciona su asistencia a la peda de graduación (osea un chingo). Me salí un momento a tomar aire y me sentí mejor. Tenía una maratónica junta de 4 a 7 de la tarde (si, en viernes, no tienen madre), con DDB y mi jefe se había ido a comer con Daniel y Pedro (el CEO de Mediacom, la agencia de medios), por lo que tenía que esperar a que regresara para poderle perdir permiso de irme a mi casa debido a mi malestar.
Total que para cuando regresé a mi lugar sentí unas incontenibles ganas de ir al baño y fui. Cuando me estaba preparando para salir del baño me empecé a sentir muy mareado, al grado que tuve que sentarme apenas saliendo esperando que alguien conocido me echara una mano pero no pasó nadie. Después de tranquilizarme un poco me regresé a mi lugar todavía un poco mareado y tan pronto me vió Belén me alcanzó en el pasillo para llevarme a mi lugar diciéndome que estaba transparente.
Belén muy atenta me puso alcohol y se propuso llevarme al servicio médico en planta. Yo siempre he desconfiado de los médicos (con contadas excepciones, aunque ese es tema para otra entrada sin problemas), pero ese día sentí que TENÍA que ir. Total que me llevó a Urgencias de Cubo 3.
Cómo me vería el doctor que cuando me estaba preguntando que si tenía consulta me vió y me dijo "pásale por acá", y pasamos directito a las camas. No piensen mal, sólo me oscultó con ropa y todo.
Me hizo el chequeo de rigor: presión arterial, temperatura y las preguntas clásicas que empiezan con el "¿Qué le pasó?", aunque por un momento me sorprendió con un: "¿es usted diabético?". La verdad es que no lo sé, pero esperaba que no, sin embargo como me vio dubitativo pidió que me hicieran una medición de azúcar y ese fue el primer piquete. Total, su consejo fue que me quedara un rato ahí porque aunque me veía muy débil y ya después veíamos qué haríamos conmigo.
Después de algunos minutos en los que aproveché para hacer algunas llamadas desde la cama, el doctor vino por mí para llevarme a su consultorio. Tan pronto entré me dieron ganas de volver el estómago de vuelta y cuando lo hice (en el baño, no crean), sí me espanté. Resultó que vomité sangre de color negro por lo que cuando salí del baño el doctor me esperaba con una jeringa preparada, lo que se convirtió en mi piquete número dos.
Al ver que había vuelto el estómago por segunda vez sin haber comido nada el doctor me informó que había solicitado un análisis de sangre más profundo, que me había inyectado una solución para evitar más naúseas y vueltas de estómago y me dio una cápsula para recubrir el estómago. También me comentó que iba a pedirle a Belén que se marchara porque me iba a tener que quedar un poco más de tiempo.
Total, en ese ínter me vinieron a sacar sangre, lo que se convirtió en el piquete número tres del día y me mantuvieron en reposo otro rato ahí. Cuando finalmente vino el doctor por mí ya tenía los resultados del análisis de sangre, aunque no tengo idea de cuánto tiempo pasó. Me llevó de nuevo al consultorio y me estaba contando algo de leucocitos cuando perdí el conocimiento. Cuando volví en mí estaba rodeado de doctores y estaban pidiendo una ambulancia. Ahí me informaron que me iban a llevar al hospital y que estaría por lo menos un día en observación. Me preguntó el doctor cuando estaban ajustando las correas de la camilla, si tenía algún seguro o se mi llevaban a San Alejandro, al hospital del Seguro Social. Fue ahí cuando me menté la madre por no haber comprado mi seguro de gastos médicos mayores.
Recuerdo perfectamente el traslado: estuve consciente todo el tiempo hablando incluso con el camillero. Fue incluso durante el traslado que le hablé a mi papá para decirle que me llevaban al hospital, aunque en ese momento no quería que fuera porque pensé que iba a llegar y me iban a dar de alta. Ja! ¿Así o más iluso?
Cuando finalmente llegamos al hospital me dieron ingreso, me pidieron que me pasara a la camilla del hospital y me ubicaron en el cubículo número 5, aunque tenía un papel encima con el número 10 (osea que en donde cabe uno, caben dos, básicamente), junto a un chavo que tenía una hernia inguinal y que tenían con suero, aunque su intervención estaba programada para el otro día. En el inter llegó mi papá lo cual me tranquilizó al instante y afortunadamente me llevó una botella de agua porque estaba sediento al extremo.
Me oscultó un médico del hospital que me hizo las mismas preguntas del anterior con una variante: me cuestionó acerca de cuál era la clínica del seguro que me correspondía. Cuando le contesté que Cholula me empezó a regañar que entonces por qué había ido a San Alejandro. Se calmó cuando le dije que había perdido el conocimiento y que me llevaron en ambulancia, aunque cuando se fue no lo noté muy convencido. Cuando se fue el doctor dieron de alta a mi compañero así que me quedé solo en ese cubículo.
Entonces llegaron las únicas personas amables del hospital: las enfermeras. Un par me colocaron los instrumentos para hacerme un electrocardiograma porque mi ritmo cardiaco estaba un poco errático, decían. Nos divertimos un rato cuando trataron de colocar los chupones en mi velludo pecho, aunque al final lo consiguieron sin necesidad de rasurarme. Les dije que alguien muy especial se los iba a agradecer y se rieron bastante.
Después llegó otro par de enfermeras a colocarme el suero y a sacarme una muestra de sangre. Ellas sí me rasuraron el brazo para poder colocar la aguja pero sobre todo, me comentaron, para evitar que al momento de retirarla me depilaran y el dolor fuera mayúsculo. Les pedí que fuera en el brazo izquierdo puesto que el derecho era el que ocupaba para escribir y pintar y me dijeron que con la condición de que les llevara un dibujo. Me siento culpable por eso porque obviamente no lo haré, pero en ese momento les dije que sí.
Cuando ya tenía el suero colocado me movieron al cubículo 31, aunque en realidad había sido el 16 originalmente. Era un cubículo que estaba en esquina y para que se den una idea, tuvieron que mover las dos camillas de los cubículos que estaban al lado del mío para que pudiera entrar la mía. Obviamente una vez adentro no había mucho espacio de maniobra por lo que creo que es prácticamente imposible que ahí pongan a dos personas, aunque de cualquier manera estaban colocados con papel blanco y el número pintado con plumón los letreros de 30 y 31.
Cuando llegué a "mi" cubículo ya eran las 6:30 y se suponía que a las 7 se terminaba la hora de visita así que esa media hora se me pasó como agua. Al principio me quería hacer el valiente y le dije a mi papá que se fuera, pero cuando se acercaba la hora de salida me empezó a entrar el pánico. Al final puse mi mejor cara y le dije a mi papá que nos veíamos a las 11, en la siguiente hora de visita.
Tan pronto se fue quise entretenerme hablando por teléfono (sí: me dejaron mis dos celulares que aunque me fueron de mucha ayuda, no entiendo aún cómo lo permiten), pero fue peor. Las llamadas que hice me pusieron un poco más intranquilo y cuando colgué me entró un ataque de claustrofobia: sudaba copiosamente y estoy seguro de haber tenido fiebre porque estaba pensando cada locura que no saben.
Media hora más tarde pasaron a avisar que se había acabado la hora de visita y finalmente el lugar se tranquilizó. Fue entonces cuando pude dormir un poco pero a ratos y con sueños super locos.
Para no extenderme más les diré que como a las 10:30 pasó la doctora a decirme qué pasaba conmigo y qué podríamos hacer. Lo que me dijo es que tenía una úlcera aunque no sabía dónde y la úlcera me había ocasionado una anemia por la pérdida de sangre, y que para saber en dónde estaba localizada y qué tan grande estaba era necesario hacerme una endoscopía. También me comentó que el aparato no estaba disponible sábados y domingos por lo que tendría que quedarme en el hospital hasta que el lunes me pudieran hacer el estudio. Y cuando le pregunté si me podrían subir a los cuartos me comentó que había 30 personas antes que yo, por lo que no era probable que me pudieran subir (recuerden que estaba en urgencias todavía).
Después le pregunté que si me podía retirar y regresar el lunes, pero me dijo que no me podía asegurar que tuviera lugar el lunes puesto que no entraría por urgencias. Total que sí podía darme de alta voluntaria puesto que no me veía tan mal, pero que no me lo recomendaba y de todos modos eso lo tendría que decidir a las once de la noche, después de que terminara la ronda.
Cuando llegó mi papá y después de sopesar las opciones con él decidí que me iba a dar de alta voluntaria y buscar una opción privada el sábado para hacerme el estudio.
Y cuando pensé que el martirio había terminado me di cuenta que no. El calvario para salir nos llevó más de una hora en la que mi papá tuvo que ir con la trabajadora social que le hizo firmar unos documentos que absuelven al hospital de cualquier responsabilidad, me visitó un doctor para advertirme que si me iba no me podrían dar incapacidad y todavía tuvieron el descaro de decirme que si me quedaba ya tendría cuarto y podría estar más cómodo.
Al final permanecí firme en mi decisión, les agradecí todas las atenciones y me retiré. Y como dato adicional les cuento que el lunes me hice la endoscopía y resulta que tengo una úlcera en el duodeno (el inicio del intestino delgado), además de una colonia de bacterias en el estómago. Estoy en tratamiento medicinal y creo que ahí la llevo, pero por lo pronto sobreviví a mi primer día en un hospital y ya no de visita.
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